lunes, 26 de febrero de 2007

Miércoles de poesía 210


Poeta invitado:
Elmer Menjívar
Miércoles 28 de febrero, 7:00 p.m.

Los Tacos de Paco
Restaurante y Peña Cultural
Av. Los Andes No. 2931 Colonia Miramonte, San Salvador. El Salvador
Teléfono: (503) 2260-1347

Dos poemas de Alberto López

Alberto López (derecha) y William Alfaro.
__________________________________________________________

ISEL (náhuat)

Ne taneshtut tami,
Ne tunal guchkia,
Istak metsti guisa,
Nuyulu suluni.
Puktituk ganyuhua,
Ne Nantsin pepechtik,
Sijsital tsitsinagat,
Nuyulu suluni.
Ejekat tsalani,
Nu muluntuk ujti,
Tegulut takuiga,
Nuyulu suluni.
Nistmigui tayuhua ;
Shihui nigan, tunal,
Nuyulu suluni
Uan nu ten nemi isel.

SÓLO
El día se acaba,
El sol ya se durmió,
Blanca sale la luna,
Mi corazón se hincha.
Cielo oscuro, nublado,
La Reina Reluciente,
Estrellas brillan,
Mi corazón se hincha.
Viento sonoro,
Mi alborotado camino,
El búho canta,
Mi corazón se hincha.
El frío de la noche;
Ven aquí, sol,
Que mi corazón se hincha
Y mi boca está sola.



EROS

Unos dicen que el Crónida, unos que Ares

Y otros que Apolo flechador de lejos,

o Poseidón sacudidor de mares,

o Hades que lleva a jóvenes y viejos.

Yo digo que Eros es el más funesto,

Eros, el más terrible de los dioses,

Pues con un simple y delicado gesto

Vence al más fuerte y doma a los feroces.

¡Paris lo supo en la agridulce Helena,

y Apolo desgarró su clara lira

sin Jacinto! También ahora llena

mi recuerdo una voz que se retira,

un bello rostro en fuga sin que mate,

y eso es peor que un rayo y que un combate.

ALBERTO LÓPEZ

lunes, 19 de febrero de 2007

Poemas de Saúl Ibargoyen


La musa

Una muchacha concebida
entre piedras y mojados vocablos
hizo que explotaran
glándulas de tinta
y eléctricos orgasmos.
Así nació en medio
de basuras ensoñadas
de restos de deseos carcomidos.
Y vivió y anduvo
desmembrándose y rehaciéndose
...-entre ritmos voraces
y adjetivos solos:
respirando el hedor del papel
la grasa de otras manos
el sudor de lenguas agresivas.
Una muchacha con diversas
nomenclaturas de muchacha
ahora tose por catarro
escupe con desgana
vomita por preñez interrumpida.
Y ahora se traspasa los pezones
a uña propia
se arranca las arrugas
y solamente envejece.

Hombre esperando

El hombre se acuesta
con sus mudas frases
trepándole por la boca.
Hay miedo en esas palabras
miedo en esa lengua
miedo en la espalda enterrándose
entre las vaciedades de la sábana
miedo en el cuerpo que no encuentra
ahora una suave sombra carnal
que lo sustente
miedo en los relojes
que se gastan
miedo en el grito que solamente
las orejas del hombre
pueden escuchar.
El hombre espera
con sus huesos imperfectos
con partículas fallecidas soltándose
y un silencio oscurísimo
fluye sin prisa
por todos los teléfonos.

Uomo che aspetta

L'uomo si corica
con le sue mute frasi
che gli si arrampicando per la bocca.
C'è paura in quelle parole
paura in quella lingua
paura nella schiena che si seppellisce
tra gli anfratti delle lenzuola
paura nel corpo che non trova
ora una soave ombra carnale
che lo sostenga
paura negli orologi
che si consumano
paura nel grido che solamente
le orecchie dell'uomo
possono ascoltare.
L'uomo aspetta
con le sue ossa imperfette
con particelle decedute che si sciolgono
ed un silenzio oscuro
fluisce senza fretta
per tutti i telefoni.

Traducción al italiano de Silvia Favaretto

Belleza

Eres como el amor:
naces de la destrucción
que tu ausencia
ha provocado.
Mencioné tu nombre muchas veces,
y muchas veces hablé de ti
largamente con los pájaros.
Siempre anduve cerca de aquellos caminos
por donde iba tu voz,
sin encontrarte;
y siempre dispuse
de seguras señales:
quién puede saber
que la luz con que miras,
no es de tus ojos,
y que nada hay en ti
afectado por la sombra.
Tú estás por indicarme
palabras que no conoces,
para que le tiempo vacile,
pensando en su muerte.
Tú estás para que el orden
de las cosas se desplome,
para demostrar
que todo puede ser iluminado.
Eres la posibilidad,
la lluvia inesperada,
la vocación del hombre
por agarrarse al aire.
No existes, pero naces
de tantas manos distintas
que no pueden tocarte,
y de tanta fiebre oscura
que a través de ti
se purifica.
Nunca tuve esperanzas de verte;
prefiero saber que estás lejos
y buscarte, o sentir el calor que te he dado,
o imaginarte entre blancas colinas,
disminuyendo las miserias del mundo
y hablando largamente
con los pájaros.

Los hombres gordos

Como un látigo naufragando en el sudor de las bestias

Así encuentran su corazón

Los hombres gordos:

Deforme engañado repleto de fichas y píldoras

Insomnios y

precios

Con lágrimas que no saltan de la sangre

Con el deseo enterrado en la grasa

Con el latido separado del recuerdo.

Así encuentran su corazón:

Como una hilacha impura

de pronto

Porque hay dudas blandas sospechas

Una esposa que sonríe huelgas directorios

Rincones del alma que hieden

Secretarios que se equivocan

Y hay que liquidar el

porcentaje

Y hay una muchacha tal vez la dactilógrafa

Y hay quienes respiran de otro modo

Que viven de otras cosas

Pero es mejor no comprender negar no darse cuenta.

Así encuentran su

corazón:

Como una arruga en la camisa impecable

Algo que no es dolor y que se olvida

Recordando los subsidios

Los saldos en cuentas corrientes

Y la donación para la Iglesia

Un poco de más

Mas hay que cumplir con la conciencia.

Así encuentran su corazón:

Sintiendo una súbita molestia

Algo que no duele y que se olvida

Pensando en la Democracia

Que a cada individuo da lo justo:

Miseria coca-cola o dividendo.

Y así casi contentos casi satisfechos

Casi de cualquier manera

Encuentran su corazón

Los hombres gordos:

Rascándose.

Palabra por palabra, Axel, México, 1979.

Los poemas anteriores han sido confiados por Mariluz Juárez, esposa de Saúl Ibargoyen, con la venia del poeta.


Miércoles de poesía 209


Miércoles de poesía 209


Poeta invitado:
Manlio Argueta
Miércoles 21 de febrero, 7:00 p.m.

Los Tacos de Paco
Restaurante y Peña Cultural
Av. Los Andes No. 2931 Colonia Miramonte, San Salvador. El Salvador

Teléfono: (503) 2260-1347

domingo, 18 de febrero de 2007

La puesta en el sepulcro
Décimocuarta estación
Carlos Martínez Rivas

Cuando ya no me quieras.

Cuando ya no me quieras
y no podamos estropear nada
porque nada estará vivo y confiado.

Cuando tú te hayas ido
y yo me haya ido
y los de la música se hayan marchado
y el portón se cierre
(dentro pasan el largo fierro por la argolla
asegurando con la correa el cerrojo,
y soplan los candiles
y las mechas se quedan humeando);

diremos: "Algo se ha perdido.
No mucho. Nunca es mucho. Pero
algo esencial –un culto, un lenguaje,
un rito—está perdido".

Cuando hayamos dejado de ser esto que somos:
pareja expuesta al dardo,
mal avenida pero bien enlazada,
y nos dispersemos en otros círculos
y nos disipemos en otras charlas;

habrá quien diga: "Aquí dos seres carmesíes
se atraparon. Los vimos
balancearse estremecerse oscilar
retornar a la seguridad
y caer".

Para entonces, el zumbido del tractor
volverá a oírse desde el fondo del llano.
Las chorejas del guanacaste caerán
con su golpe seco frente al portal.

Pero esos rumores de la vida
nos llegarán por separado,
y otro será tu sol
y otra luna será mi luna.

Cuando ya no me quieras.

Cuando en la reunión tus ojos
al encontrar los míos ya no digan:
"Aguarda a que termine con esta gente,
pero mi corazón te pertenece".

Cuando en las sucesivas fases de tu errabunda
búsqueda femenina
ames a otro:
y te descalces delante de otro cetro
y te desveles bajo otra antorcha
y triturada por otros trapiches trasiegues
el poder que yo te trasmití;

pensaré agudamente: "Ya se le agotará.
¡Y entonces vendrá a mí y no le daré más!"

Y así siga por el mundo y a través de los días
rumiándote en el hosco destierro,
granitizándome en la frustración y el orgullo
como un mendigo sobre un pedestal.

Remontando el obstruido pasado
como un sucio canal maloliente en el crepúsculo:
"Aquí estuve brutal.
Ahí comenzó el desierto.
En aquel banco trató de herirme.
Tal día…"

Y así te evoque. Así conjure tu sombra
agujerándola de flaquezas y máculas.

Cuando ya no me quieras
y yo ya no te tema.

Cuando contentadizo, trivial, inadecuado
para la soledad y la amargura
yo mismo haya olvidado –cuando
ya no me quieras— que me quisiste;

garras y mantos
de mujeres: Furias como Pietás,
Erinias disfrazadas de monjas
me depositarán
en la obscura y helada tumba que me busqué.

Sierras de Managua, Viernes Santo 1953
Viernes 6 de junio 1980.

Un poema de Sandra Aguilar

Mírame de lejos y no intentes tocarme
Que tengo la piel puesta con pedazos de alfiler
Mírame de lejos y respira despacio
Que el menor de los suspiros sería capaz de desarmarme
Mírame de lejos pero no busques mis ojos
Confórmate sabiendo que los tengo abiertos.

Sandra Aguilar

Leído el Miércoles de poesía 208,
14 de febrero de 2007

sábado, 17 de febrero de 2007

Un poema de Ana Escoto

Parecés la tierra que acaricia los pasos
brisa que sube y me despeina

Parecés la hormiga que me recorre el cuello
sentimiento de lo que apenas viene

Parecés la sábana escondida entre las piernas
noches de insomnio y de viento

Parecés la gota que aún no llueve
terciopelo de la humedad que corroe

Parecés el pestañeo para no ver las cosas
y dejarle la luz a los ojos cerrados

Aparecés

Ana Escoto


Leído el Miércoles de poesía 208,
14 de febrero de 2007

jueves, 15 de febrero de 2007


Canto de guerra de las cosas

Joaquín Pasos

Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra,
si es que llegáis a viejos,
si es que entonces quedó alguna piedra.
Vuestros hijos amarán al viejo cobre,
al hierro fiel.
Recibiréis a los antiguos metales en el seno de vuestras
familias,
trataréis al noble plomo con la decencia que corresponde a su
carácter dulce;
os reconciliaréis con el zinc dándole un suave nombre;
con el bronce considerándolo como hermano del oro,
porque el oro no fue a la guerra por vosotros,
el oro se quedó, por vosotros, haciendo el papel de niño
mimado,
vestido de terciopelo, arropado, protegido por el resentido
acero...
Cuando lleguéis a viejos, respetaréis al oro,
si es que llegáis a viejos,
si es que entonces quedó algún oro.

El agua es la única eternidad de la sangre.
Su fuerza, hecha sangre. Su inquietud, hecha sangre.
Su violento anhelo de viento y cielo,
hecho sangre.
Mañana dirán que la sangre se hizo polvo,
mañana estará seca la sangre.
Ni sudor, ni lágrimas, ni orina
podrán llenar el hueco del corazón vacío.
Mañana envidiarán la bomba hidráulica de un inodoro
palpitante,
la constancia viva de un grifo,
el grueso líquido.
El río se encargará de los riñones destrozados
y en medio del desierto los huesos en cruz pedirán en vano
que regrese el agua a los cuerpos de los hombres.

Dadme un motor más fuerte que un corazón de hombre.
Dadme un cerebro de máquina que pueda ser agujereado sin
dolor.
Dadme por fuera un cuerpo de metal y por dentro otro
cuerpo de metal
igual al del soldado de plomo que no muere,
que no te pide, Señor, la gracia de no ser humillado por
tus obras,
como el soldado de carne blanducha, nuestro débil orgullo,
que por tu día ofrecerá la luz de sus ojos,
que por tu metal admitirá una bala en su pecho,
que por tu agua devolverá su sangre.
Y que quiere ser como un cuchillo, al que no puede herir
otro cuchillo.
Esta cal de mi sangre incorporada a mi vida
será la cal de mi tumba incorporada a mi muerte,
porque aquí está el futuro envuelto en papel de estaño,
aquí está la ración humana en forma de pequeños ataúdes,
y la ametralladora sigue ardiendo de deseos
y a través de los siglos sigue fiel el amor del cuchillo a la
carne.
Y luego, decid si no ha sido abundante la cosecha de balas,
si los campos no están sembrados de bayonetas,
si no han reventado a su tiempo las granadas...
Decid si hay algún pozo, un hueco, un escondrijo
que no sea un fecundo nido de bombas robustas;
decid si este diluvio de fuego líquido
no es más hermoso y más terrible que el de Noé,
¡sin que haya un arca de acero que resista
ni un avión que regrese con la rama de olivo!

Vosotros, dominadores del cristal, he ahí vuestros vidrios
fundidos.
Vuestras casas de porcelana, vuestros trenes de mica,
vuestras lágrimas envueltas en celofán, vuestros corazones
de bakelita,
vuestros risibles y hediondos pies de hule,
todo se funde y corre al llamado de guerra de las cosas,
como se funde y se escapa con rencor el acero que ha
sostenido una estatua.
Los marineros están un poco excitados. Algo les turba
su viaje.
Se asoman a la borda y escudriñan el agua,
se asoman a la torre y escudriñan el aire.
Pero no hay nada.
No hay peces, ni olas, ni estrellas, ni pájaros.
Señor capitán, ¿a dónde vamos?
Lo sabremos más tarde.
Cuando hayamos llegado.
Los marineros quieren lanzar el ancla,
los marineros quieren saber qué pasa.
Pero no es nada. Están un poco excitados.
El agua del mar tiene un sabor más amargo,
el viento del mar es demasiado pesado.
Y no camina el barco. Se quedó quieto en medio del viaje.
Los marineros se preguntan ¿qué pasa? con las manos,
han perdido el habla.
No ha pasado nada. Están un poco excitados.
Nunca volverá a pasar nada. Nunca lanzarán el ancla.

No había que buscarla en las cartas del naipe ni en los juegos
de la cábala.
En todas las cartas estaba, hasta en las de amor y en las
de navegar.
Todas los signos llevaban su signo.
Izaba su bandera sin color, fantasmas de bandera para ser
pintada con colores de sangre de fantasma,
bandera que cuando flotaba al viento parecía que flotaba el
viento.
Iba y venía, iba en el venir, venía en el yendo, como que si
fuera viniendo.
Subía, y luego bajaba hasta en medio de la multitud y
besaba a cada hombre.
Acariciaba cada cosa con sus dedos suaves de sobadora
de marfil.
Cuando pasaba un tranvía, ella pasaba en el tranvía;
cuando pasaba una locomotora, ella iba sentada en la trompa.
Pasaba ante el vidrio de todas las vitrinas,
Sobre el río de todos los puentes,
por el cielo de todas las ventanas.
Era la misma vida que flota ciega en las calles como una
niebla borracha.
Estaba de pie junto a todas las paredes como un ejército de
mendigos,
era un diluvio en el aire.
Era tenaz, y también dulce, como el tiempo.

Con la opaca voz de un destrozado amor sin remedio,
con el hueco de un corazón fugitivo,
con la sombra del cuerpo
con la sombra del alma, apenas sombra de vidrio,
con el espacio vacío de una mano sin dueño,
con los labios heridos
con los párpados sin sueño,
con el pedazo de pecho donde está sembrado el musgo del
resentimiento
y el narciso,
con el hombro izquierdo
con el hombro que carga las flores y el vino,
con las uñas que aún están adentro
y no han salido,
con el porvenir sin premio con el pasado sin castigo,
con el aliento,
con el silbido,
con el último bocado de tiempo, con el último sorbo de
líquido
con el último verso del último libro.
Y con lo que será ajeno. Y con lo que fue mío.

Somos la orquídea de acero,
florecimos en la trinchera como el moho sobre el filo de la
espada,
somos una vegetación de sangre,
somos flores de carne que chorrean sangre,
somos la muerte recién podada
que florecerá muertes y más muertes hasta hacer un
inmenso jardín de muertes.

Como la enredadera púrpura de filosa raíz,
que corta el corazón y se siembra en la fangosa sangre
y sube y baja según su peligrosa marea.
Así hemos inundado el pecho de los vivos,
somos la selva que avanza.
Somos la tierra presente. Vegetal y podrida.
Pantano corrompido que burbujea mariposas y arco-iris.
Donde tu cáscara se levanta están nuestros huesos llorosos,
nuestro dolor brillante en carne viva,
oh santa y hedionda tierra nuestra,
humus humanos.

Desde mi gris sube mi ávida mirada,
mi ojo viejo y tardo, ya encanecido,
desde el fondo de un vértigo lamoso
sin negro y sin color completamente ciego.
Asciendo como topo hacia el aire
que huele mi vista,
el ojo de mi olfato, y el murciélago
todo hecho de sonido.
Aqui la piedra es piedra, pero ni el tacto sordo
puede imaginar si vamos o venimos,
pero venimos, sí, desde mi fondo espeso,
pero vamos, ya lo sentimos, en los dedos podridos
y en esta cruel mudez que quiere cantar.

Como un súbito amanecer que la sangre dibuja
irrumpe el violento deseo de sufrir,
y luego el llanto fluyendo como la uña de la carne
y el rabioso corazón ladrando en la puerta.
Y en la puerta un cubo que se palpa
y un camino verde bajo los pies hasta el pozo,
hasta más hondo aún, hasta el agua,
y en el agua una palabra samaritana
hasta más hondo aún, hasta el beso,
Del mar opaco que me empuja
llevo en mi sangre el hueco de su ola,
el hueco de su huida,
un precipicio de sal aposentada.
Si algo traigo para decir, dispensadme,
en el bello camino lo he olvidado.
Por un descuido me comí la espuma,
perdonadme, que vengo enamorado.

Detrás de ti quedan ahora cosas despreocupadas, dulces.
Pájaros muertos, árboles sin riego.
Una hiedra marchita. Un olor de recuerdo.
No hay nada exacto, no hay nada malo ni bueno,
y parece que la vida se ha marchado hacia el país del trueno.
Tú, que vista en un jarrón de flores el golpe de esta fuerza,
tú, la invitada al viento en fiesta.
tu, la dueña de una cotorra y un coche de ágiles ruedas, sobre
la verja
tú que miraste a un caballo del tiovivo
y quedar sobre la grama como esperando que lo montasen
los niños de la escuela,
asiste ahora, con ojos pálidos, a esta naturaleza muerta.

Los frutos no maduran en este aire dormido
sino lentamente, de tal suerte que parecen marchitos,
y hasta los insectos se equivocan en esta primavera
sonámbula, sin sentido.
La naturaleza tiene ausente a su marido.
No tienen ni fuerzas suficientes para morir las semillas del
cultivo
y su muerte se oye como el hilito de sangre que sale de
la boca del hombre herido.
Rosas solteronas, flores que parecen usadas en la fiesta del olvido,
débil olor de tumbas, de hierbas que mueren sobre mármoles
inscritos.
Ni un solo grito. Ni siquiera la voz de un pájaro o de un niño
o el ruido de un bravo asesino con su cuchillo.
¡Qué dieras hoy por tener manchado de sangre el vestido!
¡Qué dieras por encontrar habitado algún nido!
¡Qué dieras porque sembraran en tu carne un hijo!

Por fin, Señor de los Ejércitos, he aquí el dolor supremo.
He aquí, sin lástimas, sin subterfugios, sin versos,
el dolor verdadero.
Por fin, Señor, he aquí frente a nosotros el dolor parado
en seco.

No es un dolor por los heridos ni por los muertos,
ni por la sangre derramada ni por la tierra llena de lamentos
ni por las ciudades vacías de casas ni por los campos llenos de
huérfanos.
Es el dolor entero.

No pueden haber lágrims ni duelo
ni palabras ni recuerdos,
pues nada cabe ya dentro del pecho.
Todos los ruidos del mundo forman un gran silencio.
Todos los hombres del mundo forman un solo espectro.
En medio de este dolor, ¡soldado!, queda tu puesto
vacío o lleno.
Las vidas de los que quedan están con huecos,
tienen vacíos completos,
como si se hubieran sacado bocados de carne de sus cuerpos.
Asómate a este boquete, a éste que tengo en el pecho,
para ver cielos e infiernos.
Mira mi cabeza hendida por millares de agujeros:
a través brilla un sol blanco, a través un astro negro.
Toca mi mano, esta mano que ayer sostuvo un acero:
¡puedes pasar en el aire, a través de ella, tus dedos!
He aquí la ausencia del hombre, fuga de carne, de miedo,
días, cosas, almas, fuego.
Todo se quedó en el tiempo. Todo se quemó allá lejos.

domingo, 11 de febrero de 2007

Miércoles 208

Poema de amor



El Salvador será
Roque Dalton

Canción del Amor Sincero

Raúl Gómez Jattin

Prometo no amarte eternamente,
ni serte fiel hasta la muerte,
ni caminar tomados de la mano,
ni colmarte de rosas,
ni besarte apasionadamente siempre.
Juro que habrá tristezas,
habrá problemas y discusiones
y miraré a otras mujeres
vos mirarás a otros hombres
juro que no eres mi todo
ni mi cielo, ni mi única razón de vivir,
aunque te extraño a veces.
Prometo no desearte siempre
a veces me cansaré de tu sexo
vos te cansarás del mío
y tu cabello en algunas ocasiones
se hará fastidioso en mi cara
Juro que habrá momentos
en que sentiremos un odio mutuo,
desearemos terminar todo y
quizás lo terminaremos,
mas te digo que nos amaremos
construiremos, compartiremos.
¿Ahora si podrás creerme que te amo?

Uno vuelve siempre...

Canción de las simples cosas

Cantante: Mercedes Sosa
Autor : Cesar Isella
Musica: Tejada Gómez
Editorial : Ed. Lagos

I

Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas,
lo mismo que un árbol en tiempos de otoño muere por sus hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.
Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.

Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Demorate aquí, en la luz mayor de este mediodia,
donde encontrarás con el pan al sol la mesa servida.

Por eso muchacho...

II

Demorate aquí ...
por eso muchacho ...

Demorate aquí ...
por eso muchacho ...


Luis Antonio Chávez

Tres poemas de Luis Antonio Chávez
y una fotografía maravillosa

Luis Antonio Chávez (último de la derecha) y su pandilla... 1969.

La Paz

a Nicolás Chávez
“...también fue necesario
escribir la historia
con el proyectil de la palabra”
LACh


Es un jilguero posando en nuestros pechos
como aroma de duraznos esparcidos por doquier.

Es una copla endulzando los sentidos
cual rayo certero en el alma de la urbe.

Una canción en busca de metáforas
en el escampado silencio de la noche.

Es la ternura deambulando por las calles
en un mundo de cataclismos y tormentas.

Es la estrella indescifrable de la historia
cual estela añorada por el hombre.

Es lo onírico situado a nuestros ojos.

Idea tránsfuga que llegó para quedarse.


Enero de 1992
del libro inédito Poemas a la paz y otros escritos.




Reflexión

a Óscar Raúl, mi hermano
residente en Nicaragua

Ahora que la angustia ha cesado
te regalo una rosa con sabor a PAZ...

00:00 horas
31 Dic. 1991
del libro inédito Epigramas



Orgullo

Ignorante eres al decir que mi pluma,
si se yergue no es más que un filazo
el que da y luego se agazapa; ella es una
que a las dádivas huye y también al abrazo.

No es que no sepa donde cae el estocazo
ni la cizaña que todo lo destruye;
sucede que mejor se resguarda y huye
del que finge amistad y pronto da el zarpazo

del que agita sus alas y te extiende una mano
pero con la otra, como ya lo hizo Judas
hace señas para delatar al hermano.

Por eso, acostumbrado estoy a sus deslices
y a las prebendas les huyo; si es muda
mi pluma, mejor, pero no achato mis narices.

Diciembre 8 de 2006
(8:40 a.m.)

Premio de Poesía “Amílcar Colocho” 2007

Primer Certamen Literario
“Amílcar Colocho” 2007
La Fundación Metáfora, fiel al principio de difundir y promover la creación poética salvadoreña, en coordinación con la Casa “Quino Caso” de Quezaltepeque, convocamos al Primer Certamen Literario “Amílcar Colocho” 2007, el cual tiene carácter promocional y estará regido por las siguientes

BASES

  1. Podrán participar poetas de nacionalidad salvadoreña, menores de 25 años al cierre de recepción de trabajos, y con residencia en el territorio de El Salvador.
  2. El concurso admite una sola obra por autor, formada por uno o un conjunto de poemas con un mínimo de 300 versos y un máximo de 500, con tema libre y escritos en español. El poemario debe ser totalmente inédito y no haber ganado ni estar concursando simultáneamente en otro certamen.
  3. Las obras deberán presentarse debidamente encuadernadas, por triplicado, en páginas de papel bond tamaño carta, con tipografía times a 11 puntos, a doble espacio, debidamente foliadas y tituladas, sin ningún tipo de recurso gráfico ni lemas ni dedicatorias y totalmente impresas en tinta negra. En las carátulas se escribirá únicamente el título del poemario. Se adjuntará el mismo poemario en un soporte digital (disco o diskette) y una página con los datos del autor (nombre legal, lugar y fecha de nacimiento, domicilio vigente, contactos telefónicos o electrónicos, firma y una breve presentación literaria. Ambos se entregarán en un sobre herméticamente sellado, el cual se identificará también únicamente con el titulo del poemario.
  4. Las obras deberán entregarse de lunes a sábado, de 9 de la mañana a 5 de la tarde, a la siguiente dirección: Primer Certamen Literario “Amílcar Colocho”, Diario Co Latino, 23 Av. Sur nº 225, San Salvador.
  5. La recepción de trabajos finaliza el 24 de febrero de 2007, a las 6 de la tarde.
  6. El honorable Jurado Calificador estará conformado por distinguidos intelectuales y poetas y su fallo será inapelable.
  7. El premio consiste en 1. Publicación del trabajo ganador. 2. 50 ejemplares del poemario. 3. Participación como invitado oficial al Cuarto Encuentro internacional de Poetas “El turno del ofendido”. 4. Un dólar y 5. Diploma, a entregarse en acto especial en el marco del Encuentro.
  8. El fallo del jurado se dará a conocer públicamente el día 21 de marzo de 2007, Día Mundial de la Poesía.
  9. Lo no previsto será resuelto por el equipo organizador.

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