Poemas de Saúl Ibargoyen
La musa
Una muchacha concebida
entre piedras y mojados vocablos
hizo que explotaran
glándulas de tinta
y eléctricos orgasmos.
Así nació en medio
de basuras ensoñadas
de restos de deseos carcomidos.
Y vivió y anduvo
desmembrándose y rehaciéndose
...-entre ritmos voraces
y adjetivos solos:
respirando el hedor del papel
la grasa de otras manos
el sudor de lenguas agresivas.
Una muchacha con diversas
nomenclaturas de muchacha
ahora tose por catarro
escupe con desgana
vomita por preñez interrumpida.
Y ahora se traspasa los pezones
a uña propia
se arranca las arrugas
y solamente envejece.
Hombre esperando
El hombre se acuesta
con sus mudas frases
trepándole por la boca.
Hay miedo en esas palabras
miedo en esa lengua
miedo en la espalda enterrándose
entre las vaciedades de la sábana
miedo en el cuerpo que no encuentra
ahora una suave sombra carnal
que lo sustente
miedo en los relojes
que se gastan
miedo en el grito que solamente
las orejas del hombre
pueden escuchar.
El hombre espera
con sus huesos imperfectos
con partículas fallecidas soltándose
y un silencio oscurísimo
fluye sin prisa
por todos los teléfonos.
Uomo che aspetta
L'uomo si corica
con le sue mute frasi
che gli si arrampicando per la bocca.
C'è paura in quelle parole
paura in quella lingua
paura nella schiena che si seppellisce
tra gli anfratti delle lenzuola
paura nel corpo che non trova
ora una soave ombra carnale
che lo sostenga
paura negli orologi
che si consumano
paura nel grido che solamente
le orecchie dell'uomo
possono ascoltare.
L'uomo aspetta
con le sue ossa imperfette
con particelle decedute che si sciolgono
ed un silenzio oscuro
fluisce senza fretta
per tutti i telefoni.
Traducción al italiano de Silvia Favaretto
Belleza
Eres como el amor:
naces de la destrucción
que tu ausencia
ha provocado.
Mencioné tu nombre muchas veces,
y muchas veces hablé de ti
largamente con los pájaros.
Siempre anduve cerca de aquellos caminos
por donde iba tu voz,
sin encontrarte;
y siempre dispuse
de seguras señales:
quién puede saber
que la luz con que miras,
no es de tus ojos,
y que nada hay en ti
afectado por la sombra.
Tú estás por indicarme
palabras que no conoces,
para que le tiempo vacile,
pensando en su muerte.
Tú estás para que el orden
de las cosas se desplome,
para demostrar
que todo puede ser iluminado.
Eres la posibilidad,
la lluvia inesperada,
la vocación del hombre
por agarrarse al aire.
No existes, pero naces
de tantas manos distintas
que no pueden tocarte,
y de tanta fiebre oscura
que a través de ti
se purifica.
Nunca tuve esperanzas de verte;
prefiero saber que estás lejos
y buscarte, o sentir el calor que te he dado,
o imaginarte entre blancas colinas,
disminuyendo las miserias del mundo
y hablando largamente
con los pájaros.
Los hombres gordos
Como un látigo naufragando en el sudor de las bestias
Así encuentran su corazón
Los hombres gordos:
Deforme engañado repleto de fichas y píldoras
Insomnios y
precios
Con lágrimas que no saltan de la sangre
Con el deseo enterrado en la grasa
Con el latido separado del recuerdo.
Así encuentran su corazón:
Como una hilacha impura
de pronto
Porque hay dudas blandas sospechas
Una esposa que sonríe huelgas directorios
Rincones del alma que hieden
Secretarios que se equivocan
Y hay que liquidar el
porcentaje
Y hay una muchacha tal vez la dactilógrafa
Y hay quienes respiran de otro modo
Que viven de otras cosas
Pero es mejor no comprender negar no darse cuenta.
Así encuentran su
corazón:
Como una arruga en la camisa impecable
Algo que no es dolor y que se olvida
Recordando los subsidios
Los saldos en cuentas corrientes
Y la donación para la Iglesia
Un poco de más
Mas hay que cumplir con la conciencia.
Así encuentran su corazón:
Sintiendo una súbita molestia
Algo que no duele y que se olvida
Pensando en la Democracia
Que a cada individuo da lo justo:
Miseria coca-cola o dividendo.
Y así casi contentos casi satisfechos
Casi de cualquier manera
Encuentran su corazón
Los hombres gordos:
Rascándose.
Palabra por palabra, Axel, México, 1979.
Los poemas anteriores han sido confiados por Mariluz Juárez, esposa de Saúl Ibargoyen, con la venia del poeta.